Remendar el alma
Las heridas no se cierran de golpe,
se cosen despacio
con el hilo invisible del tiempo.
Cada puntada lleva memoria,
cada nudo recuerda
por qué dolió.
No hay hilo sin aguja,
ni aguja que no atraviese,
por eso sanar también duele,
porque remendar el alma
implica volver a tocar
lo que sangró en silencio.
Pero entre puntada y puntada
el dolor aprende a callar,
y la herida, aunque marcada,
deja de ser abierta
para volverse historia.
Sanar no es olvidar,
es sostener la aguja con valentía
y confiar
en que el hilo, al final,
sabrá abrazarnos.
®️Josefina Arévalo
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