Querido Dios
Gracias por quedarte
cuando el mundo se va,
por hacer de Tu silencio
un refugio que sostiene.
Cuando el corazón se quiebra,
Tu abrazo no pregunta,
solo envuelve
y repara despacio.
Si me pierdo,
Tu luz no grita mi nombre,
camina delante de mí
y me enseña el camino
con paciencia eterna.
Cuando la soledad pesa,
Tu presencia se sienta a mi lado
y me recuerda
que nunca estoy sola.
Te necesito cada día,
como la fe necesita al alba,
como el alma necesita descanso
en Tu amor.
Amén.
®️Josefina Arévalo
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