Cuando ella calla
Ella no grita cuando duele,
no levanta la voz cuando sangra el alma,
solo guarda silencio
y sigue amando
con heridas dobladas en el pecho.
Sirve con manos cansadas,
sonríe con el corazón cansado,
y esconde sus lágrimas
para no incomodar
a quien la hiere.
Pero cuidado…
Porque ese silencio no es vacío,
es oración.
Ese callar no es rendición,
es misericordia.
Ella puede soportar tu indiferencia,
puede perdonar tus torpezas,
puede seguir de pie
aunque por dentro se esté quebrando.
Lo que tú no escuchas,
el cielo sí lo oye.
Los gemidos que no salen de su boca
suben como incienso,
y Dios recoge cada lágrima invisible
con justicia perfecta.
No confundas su paciencia con debilidad,
ni su amor con costumbre.
Porque cuando una mujer sincera calla,
Dios habla.
Y cuando Dios responde,
lo hace claro,
lo hace justo,
lo hace eterno.
Así que aprende a pedir perdón
antes de perder lo sagrado.
Abraza antes de que el silencio se vuelva distancia.
Porque quien hiere un corazón fiel
no solo lastima a una esposa…
desprecia un regalo del cielo.
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