Monday, February 9, 2026

El mismo ayer, hoy y siempre

  El mismo ayer, hoy y siempre

Señor,

en un mundo que cambia de piel cada día,

yo descanso en esta verdad eterna:


Tú no cambias.


Tu amor no envejece.

Tu voz no se debilita.

Tu Espíritu no pierde fuerza con los años.


Tu Palabra me recuerda en Hebreos 13:8

que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.


El mismo que caminó entre multitudes cansadas.

El mismo que tocó heridas abiertas.

El mismo que levantó al caído

y abrazó al que nadie miraba.


Hoy sigue siendo Él.


Tú prometiste —en Juan 14:16—

que enviarías al Consolador

para estar con nosotros para siempre.


No por temporadas.

No solo por un tiempo.

Para siempre.


Y ese Espíritu Santo

que enseñaba a los discípulos

—como dice Juan 14:26—

es el mismo que hoy susurra dirección al alma

cuando el corazón se cansa.


El Espíritu de verdad

Juan 16:13—

sigue guiando pasos inciertos,

sigue alumbrando decisiones,

sigue despertando fe dormida.


No cambió.


El mismo Espíritu que levantó a Jesús de entre los muertos

Romanos 8:11—

vive hoy en nosotros,

respira esperanza en nuestros huesos

y siembra vida en los lugares rotos.


Y donde está Tu Espíritu, Señor,

hay libertad

2 Corintios 3:17—.


Libertad para sanar.

Libertad para volver a creer.

Libertad para empezar de nuevo.


Hoy entiendo:


No cambió Tu poder.

No cambió Tu compasión.

No cambió Tu presencia.


Cambian los calendarios,

cambian las estaciones,

cambian los rostros…


pero Tú permaneces.


Por eso descanso.

Por eso confío.

Por eso oro.


Porque el mismo Dios que sostuvo ayer,

me sostiene hoy

y me esperará mañana.


Amén.

®️Josefina Arévalo 

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