Soneto de la traición y el olvido
El marido que mi amor juraba,
sintió que esa familia de impostores
—la que sembró mis peores dolores—
fue la política que más lo amaba.
Tenaz la trampa que contra mí armada
dejó en mi cuerpo golpes y temores;
ella y otras cuatro fueron las coautoras
de aquella herida que jamás cerraba.
Catorce y tres mis años en la cuenta,
una jovencita sola en tierra ajena,
sin un amigo que mi cruz sintiera.
Y hoy la memoria el alma me atormenta,
al ver que el hombre que sanó mi pena,
con quienes me sangraron, se aliara.
Josefina Arévalo
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