Monday, May 25, 2026

La esposa: El espejo del alma


 Ella no nació como un desierto frío,
ni con la escarcha dibujada en la mirada;
su alma era un cauce, un limpio río,
una hoguera que esperaba ser cuidada.


La esposa: El espejo del alma


Ella solo refleja, en su corriente,

la luz o la penumbra que le entregas.

Es la capia fiel de lo que sientes,

el fruto de la tierra en la que niegas

o cultivas su jardín con mano tibia.

Te devuelve, con calma o con espanto,

el valor que le otorgas a sus días:

si es el centro sagrado de tu canto

o una sombra en tus horas de agonía.

Porque su amor no sabe de teorías,

ni se nutre de frases de memoria;

aprende en el calor de la caricia,

escribe en el contacto su historia.

Aprende de tus manos si son nido,

o si son el invierno que la azota;

se vuelve un manantial agradecido

o una muralla de paciencia rota.

Dime cómo la tocas, y te diré qué siembras

en el templo sagrado de sus fibras.

Y si un día notas que se apaga,

cuidado con creer que está tranquila.

Porque su silencio es una herida vaga,

  una marea amarga que destila

   el dolor de las palabras ignoradas.


                                                      Josefina Arévalo 


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