Una esposa feliz es…
No es la que luce joyas costosas
ni la que camina entre lujos brillantes.
No es la que presume abundancia
mientras su corazón aprende a callar.
Una esposa feliz
es la que se siente vista.
La que no tiene que alzar la voz
para que la escuchen.
Es aquella
a quien le hablan con respeto,
con verdad limpia,
sin juegos que desgasten el alma.
Es la que recibe cariño sin pedirlo,
la que encuentra en los brazos de su compañero
un refugio,
no una batalla.
No necesita palacios;
le basta una palabra dulce
al final del día.
No requiere promesas grandiosas;
le basta coherencia.
Una esposa feliz
no es la que sonríe para la foto,
sino la que puede llorar
sin miedo a ser juzgada.
La que no tiene que fingir fortaleza
cuando está cansada.
La que es sostenida
cuando sus fuerzas tiemblan.
Porque su felicidad
no se compra,
no se exhibe,
no se improvisa.
Se construye en lo cotidiano:
en el respeto,
en la escucha,
en la honestidad.
Y cuando una mujer se siente amada de verdad,
no florece sola…
florece todo lo que toca.
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