Manifiesto de la verdad
No vendas inocencias
cuando escondes mensajes.
No la llames exagerada
cuando borras las huellas.
La traición no siempre tiene cuerpos,
a veces solo tiene dedos nerviosos
cerrando chats y corazones
aprendiendo a mentir.
No empieza en un hotel.
Empieza en la intención.
En el coqueteo que sabes que cruza límites.
En la risa que ya no compartes con ella.
En el secreto que decides guardar
porque sabes que le dolerá.
No le hables de amor
si practicas el engaño.
Ni le jures lealtad
con verdades a medias.
La honestidad no es opcional.
La fidelidad no es negociable.
El respeto no tiene pausas.
Mentir “para no causar problemas”
es crear heridas silenciosas.
Ocultar es elegir la sombra.
Borrar mensajes es borrar confianza.
Aquí no hay zonas grises.
O eres claro, o eres ausencia.
Porque el amor real
camina con la verdad de la mano.
Respira transparencia.
Vive de coherencia.
Y cuando se rompe la honestidad,
no se rompe solo una promesa:
se derrumba un hogar emocional.
Así que no la confundas.
No minimices.
No justifiques.
Donde no hay verdad,
no hay amor.
Y punto.

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