Mis Ocho Tesoros
No sé de lujos, ni guardo riquezas,
no suelo andar presumiendo la vida,
prefiero el silencio, la calma medida,
y andar con el alma llena de simpleza.
Pero hay un motivo que rompe el desapego,
un brillo en los ojos que no he de ocultar,
ocho razones para festejar,
un dulce milagro al que siempre me entrego.
Cuando se trata de ustedes, mis niños,
se borra el recato, me sobra la voz;
son el regalo que me mandó Dios,
mi orgullo constante, mis tiernos cariños.
Cinco varones que son mi estandarte,
fuerza y futuro que cuido y bendigo.
Y tres mujeres, capullos de trigo,
que llenan de luz y de magia cada parte.
Los amo con toda la fuerza del alma,
mis soles del día, mi norte, mi guía.
Presumo sus risas, su dulce alegría,
porque son la paz que me llena de calma.
Que el mundo lo sepa, no puedo evitarlo:
conozco la dicha desde que llegaron.
El cielo en la tierra conmigo dejaron,
y el resto de mi vida voy a celebrarlo.

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