No es un refugio de cobardes,
ni el llanto tibio del caído;
la oración se busca en las tardes
cuando el blindaje se ha partido.
El mundo ruge afuera, avanza,
con su fusil de incertidumbre,
y solo la oración es la alianza
que nos devuelve la costumbre
de resistir el golpe fiero,
de alzar los ojos al abismo.
Quien hace oración es un guerrero
que vence al miedo y a sí mismo.
Josefina Arévalo
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