Las manos vacías 2003
Busco en el fondo del tintero blanco
un rastro de fuego, un rasguño de ayer,
pero la pluma tropieza en el flanco
de todo lo que no se deja ver.
Hay un dolor que se burla del trazo,
que esquiva la sílaba, el verbo, la voz;
se queda flotando en el frío abrazo
de aquello que nunca nos dijo adiós.
La hoja es un mapa de playas desiertas,
la tinta, un susurro que no sabe andar.
¿Cómo nombrar las heridas abiertas
si el propio silencio las viene a borrar?
Escribe el alma su sombra invisible,
dibujando el contorno de una ausencia fría,
llorando el milagro de lo imposible:
vencer al olvido... con las manos vacías.
Josefina Arévalo
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