La intemperie del alma
Abrí las compuertas, quité los cerrojos,
amé sin la red del cuidado o el filtro.
Puse mi mundo detrás de tus ojos
y me quedé suspendida en el filo.
La respuesta al abismo fue un golpe de frío,
la herida más honda, la que no se esperaba.
Aprender a las malas que el pecho vacío
le queda a quien todo, sin pausa, entregaba.
Pero el tiempo es un juez silencioso y exacto:
quien rompe el refugio se queda sin techo.
Hoy miro de lejos el fin de aquel pacto,
mientras la verdad se acomoda en mi pecho.
Josefina Arévalo
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