El precio de mi silencio
Te regalé un escudo
hecho de mi silencio,
mientras el mundo
afuera buscaba tu caída.
Cargué con tus secretos,
pagando yo el precio,
dejando que tu culpa
vistiera mi herida.
Pero el disfraz de santo
te ha quedado grande,
y el eco de tu orgullo
ya empieza a molestar.
Camina con cuidado,
que no hay quien te mande,
aprende la cordura de saber callar.
Baja la frente ahora,
sé humilde en tu retiro,
que el hilo de tu farsa
se puede cortar.
Mi voz está en un hilo,
pendiente de un suspiro...
y a ti, lo sabes bien,
ya no te debo lealtad.
Josefina Arévalo
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