Ocho pequeños mundos
reunidos bajo un mismo cielo,
ocho risas que saltan
como pájaros sobre el viento.
Suben escalones de colores
sin saber todavía
que cada paso suyo
va creciendo también en mi memoria.
Uno mira al horizonte,
otro se sostiene del juego,
y la más pequeña baja despacio
como si la infancia
fuera un vestido rojo movido por el viento.
Y yo los miro…
con ese nombre que el amor me regaló:
abuela.
Un nombre pequeño
para un sentimiento tan grande.
Porque ser abuela
es tener el corazón repartido en ocho,
y aun así sentirlo
más lleno que nunca.
Ocho nietos,
ocho latidos del cielo,
ocho razones para agradecer
que la vida
todavía florece en mis manos.
®️Josefina Arévalo

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