Fue un amor de manos llenas,
sin medidas, sin blindaje,
recorriendo por las venas
como un absoluto viaje.
Y a cambio del fuego puro,
recibí el dolor más cruento;
un desplome gris y duro
que apagó mi pensamiento.
Dice la vida, implacable,
que entregarse es quedar expuesto,
que el golpe más formidable
siempre viene por lo opuesto.
Mas no soy yo quien camina
con la sombra del descuido;
el tiempo siempre termina
en el bar del arrepentido.
Josefina Arévalo©️
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