El cauce del agua
Si la grieta en el muro tiene arreglo,
¿por qué gastar la tarde en el lamento?
Mejor buscar la arcilla y el cemento,
o dejar que la luz muerda el invierno.
Y si el daño es del tiempo y es eterno,
si no hay mano que cambie el movimiento,
¿para qué encarcelar el pensamiento
en un bucle de sombras e infierno?
El río no se frena ante la roca,
si puede la rodea, y si no, canta;
no pierde su caudal en la queja loca.
Acepta lo que rompe o lo que aganta,
que la vida es un soplo que nos toca
y la angustia es un nudo en la garganta.
Josefina Arévalo
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