El peso de mis propios castillos
Dibujé un océano en un charco de arena,
le puse alas de oro a quien no sabía volar,
y esculpí un palacio con columnas de pena
esperando que el barro aprendiera a brillar.
Qué manía la mía de buscar la grandeza
en el alma desierta que no quiere sentir,
de medir el abismo con mi propia pureza
y obligar a la piedra a quererme decir...
El error no fue el viento ni la lluvia tardía,
ni la falta de luz en su frío mirar;
el error fue la urgencia de mi fantasía
que inventaba gigantes para ir a luchar.
Hoy recojo los vidrios de mi propia locura,
las promesas que yo, por el otro, firmé.
No me duele su ausencia, me asombra la altura
del altar tan inmenso que le levanté.
Fui el autor del engaño, el pintor del espejismo,
el pecado fue mío por querer exigir
que una mente pequeña comprendiera el abismo
donde a mí, por entero, me gusta vivir.
Josefina Arévalo©️

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