Mis hijos
Tuve la suerte
—sí, la suerte más bendita—
de que la vida me regalara
a mis mejores compañeros de camino.
No llegaron con manuales,
llegaron con risas sinceras,
rodillas raspadas
y abrazos que sabían curar silencios.
Son mi refugio cuando el mundo pesa,
mi oración cuando el alma se cansa,
mis maestros pequeños
con corazones gigantes.
En sus ojos aprendí esperanza,
en sus manos descubrí la ternura,
y en su simple existir
entendí que el amor verdadero
no hace ruido:
se queda.
Ellos son mi hogar con piernas,
mi motivo que respira,
mi fe caminando descalza
por los pasillos de mi vida.
Porque no todos tienen esta fortuna:
amar así…
y ser amada así.
Mis hijos,
mis compañeros eternos,
mis milagros diarios.
®️Josefina Arévalo
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