La última semilla
Para mi hija Maryann
Te llevaba en silencio,
como se llevan las promesas tardías:
con más calma,
con menos preguntas,
con el corazón ya entrenado en milagros.
Mis manos descansaban sobre el vientre
como quien cuida una llama suave,
y mi sonrisa guardaba historias
que aún no te contaba.
Ya no era la madre primeriza,
ya sabía del cansancio,
de las noches largas,
de los miedos escondidos en la almohada…
pero también sabía del amor que crece,
del llanto que sana,
del abrazo que salva.
Tú llegabas
cuando mi alma había aprendido
a ser nido sin apuro.
Eras la última semilla,
la flor que cerraba el círculo,
el latido que completaba mi mapa.
Te esperaba distinta:
más fuerte,
más consciente,
más agradecida.
Porque ya entendía
que cada hijo es un cielo nuevo,
pero tú…
tú eras ese cielo suave
que llegó al final del camino
para enseñarme
que el amor no se gasta,
solo se expande.
Hija mía,
antes de tenerte en brazos
ya te llevaba en la sangre,
en las cicatrices,
en la esperanza.
Y aún hoy,
sigues siendo
mi última canción de cuna,
mi bendición callada,
mi amor que no necesita palabras.
®️Josefina Arévalo