(Forma clásica / Serventesios rimados)
El santuario de la cordura
Se aprende a caminar por el sendero
sabiendo qué equipaje es el que pesa;
ya no me rindo al brillo del dinero,
ni me deslumbra el lujo de otra mesa.
Cualquier destino ya no es mi camino,
cualquier mirada no es una hermandad;
aprendí a descifrar el falso vino
y a distinguir el ruido, de la verdad.
No toda cita enreda una promesa,
ni cualquier puerto alivia mi marea;
la mente se hace libre, más expresa,
y el alma ya no busca quien la crea.
Hoy solo busco el sol de la mañana,
la calma que dibuja la conciencia,
ver la vida pasar tras la ventana
y amar el mundo desde mi elocuencia.
Josefina Arévalo©️

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