El arte de la herida ajena
Dejaste caer el peso de tu mano,
rompiste el cristal, sembraste la espina,
y con el orgullo ya desahuciado,
corriste a ensayar tu mejor rutina.
Es curioso el truco, casi magistral,
cómo el que empuja el filo y causa el estrago, termina vistiendo un traje de sal,
bebiendo el veneno como si fuera un trago.
Borraste la huella, cambiaste el guion,
la culpa es del viento, del suelo, del día.
¡Qué destreza tienes en la confesión
donde tú eres el mártir de tu propia osadía!
Te sientas de pronto en el banco del reo
pero actúas la pena del juez que condena.
Esclavo absoluto de tu propio ego,
lloras la sangre que corre en mi vena.
Josefina Arévalo©️

No comments:
Post a Comment