Sin boleto de regreso
La vida me susurró:
disfruta el viaje,
como quien sabe que cada paso
es un milagro prestado.
Y la muerte, sin levantar la voz, respondió:
no hay boleto de regreso,
porque hoy pisamos la tierra
y mañana
tal vez ella nos aprenda el nombre.
Así que abrazo el instante
como se abraza a quien parte,
bebo el café despacio,
miro el cielo sin apuro,
y agradezco hasta el polvo
que se pega a mis zapatos.
Porque estamos de paso,
porque el reloj no negocia,
porque cada risa
es una semilla urgente.
Hoy caminamos,
mañana seremos silencio.
Hoy somos latido,
mañana memoria.
Por eso amo sin reservas,
perdono sin contabilidad,
y escribo versos
como quien deja migajas de luz
por si alguien, algún día,
necesita recordar
que aquí hubo un corazón vivo
aprendiendo a existir.
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