La llave y el candado
Buscas la llave con desespero,
lloras ante la puerta cerrada,
mides el tiempo que ya es nada,
vuelves al punto del que partiste primero.
Escucha el silencio del mensajero:
Si hay una llave guardada,
la puerta será al fin cruzada,
despeja el rostro y el derrotero.
Pero si el muro es de piedra muda,
sin cerradura, sin herraje, sin vía,
¿de qué te sirve vestir la duda?
Suelta la carga de la agonía.
Si el mapa acaba, la mente desnuda
encuentra el norte en la paz del día.
Josefina Arévalo
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